UNAM evaluará fallas en la nueve sede del Senado

UNAM evaluará fallas en la nueve sede del Senado:

Dicen que no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague. La entrega formal de la nueva sede del Senado está a la vuelta de la esquina. Durante los ocho meses que ha dado cobijo a nuestros legisladores, las fallas se han ido multiplicando y, por ende, también el costo total del edificio. Hasta ahora, se estima que la inversión para construirlo debe rondar los 3 mil 20 millones de pesos; sin embargo, debido a las reparaciones, parches e improvisaciones, pueda que esta cifra se quede corta. Buscando que no ser chamaqueados durante la ceremonia de entrega-recepción, la Junta de Coordinación Política del Senado ha decidido —por unananimidad— contratar los servicios del Instituto de Ingeniería de la UNAM para que evalúe no sólo los daños, sino para también señalar a los responsables.

El trabajo del Instituto de Ingeniería de la máxima casa de estudios del país consistirá en revisar las instalaciones de la nueve sede, confrontándolas con el contrato de obra pública. Todo a nombre del Senado. Además de verificar que los materiales acordados hayan sido los utilizados —por ejemplo, las maderas de los acabados o los mármoles del piso—, también evaluará la calidad de los materiales utilizados en las diversas instalaciones, tales como el cableado, sistemas de vigilancia y ventilación, instalaciones sanitarias, etcétera. Varias de las cuales, por cierto, han sido las que más problemas han dado. Una vez que el instituto de la UNAM dé a conocer su reporte, se detallarán las fallas e inconsistencia para proceder a nombrar a sus responsables

¿A cuánto ascenderá el costo total del inmueble? Recordemos que una de las bonitas costumbres que muchos contratistas tienen es la de “inflar los precios”; ya sea dándonos gato por liebre a la hora de la compra de materiales, o reportando gastos que no existen. Especialmente cuando trabajan para el Estado. Y, aunque la UNAM es una de las instituciones del país en las que más confianza tenemos —y de las que más motivos de orgullo nos da—, cabe resaltar la mala nota de todo este asunto: se le llama al Instituto de Ingeniería porque las instituciones y organismos encargados de realizar estas auditorias no cuentan con la confiabilidad suficiente; ni ante los ciudadanos, ni ante los legisladores. Ojalá esta revisión siente precedentes y castigue a los responsables.

Imagen: Notisistema

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